Estoy sentada, yo también al lado de la ventanilla, y de pronto siento sobre la piel de mi brazo izquierdo, la epidermis desconocida, cálida, un poco rugosa de un o de una perfecta extraña. No me abruma la necesidad de voltear a mi lado; no siento la urgencia de retraerme a mi asiento, de empujar mi cuerpo contra el muro del camión. Me encuentro cómoda. En un sorprendente e insondable hallazgo descubro que Tepic, todo él, me hace sentir en casa.
¡¡Cuarto cumple-blog!!
Hace 2 días

1 citricomentarios:
Cálida de un o una perfecta extraña...
me gusta tu relato de lo cotidiano
Publicar un comentario en la entrada