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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Entrevista a Luis Alberto Bravo

El 29 de agosto pasado, los integrantes del V Taller de periodismo cultural y crítica de arte nos reunimos en el museo Juan Escutia, ubicado en el centro de la capital nayarita, con el director de la compañía de teatro “Tituba”, Luis Alberto Bravo, quien también es fundador del Laboratorio de Arte Teatral y Escénico de Nayarit (LATEN), y director del Festival nacional de teatro “Ixcuintla”, con sede en el municipio de Santiago Ixcuintla.

El originalmente licenciado en derecho hizo estudios escénicos en Tijuana, en la Asociación Nacional de Actores (ANDA) en el DF y Los Ángeles, Estados Unidos. Como resultado de una decisión basada en la preferencia por vivir en un lugar que no tuviera una sólida cultura del teatro llegó a vivir a Tepic. En nuestra ciudad, quince días después de su arribo, comenzó a trabajar como director del grupo de teatro Zero y posteriormente fundó el grupo de teatro infantil, juvenil y universitario. Ambos grupos siguen vigentes hasta la fecha. “Los nayaritas tenemos dos piernas, dos brazos, dos ojos, el mismo peso de masa cerebral. ¿Por qué no podemos hacer otras cosas?”, reflexiona el artista.

Tras ser doblemente becado para estudiar Dirección de escena, en “Casa del teatro”, con Luis de Tavira, en la ciudad de México y en la ciudad de Salamanca, Guanajuato, vuelve a Tepic y funda el Tituba, una agrupación independiente cuyo objetivo es “la profesionalización del teatro en Nayarit”, según las palabras de Bravo. El nombre del grupo se debe a un personaje de la obra de Arthur Miller, “Las brujas de Salem”. Al fundador de la compañía le tocó representar este papel al final de su carrera en Los Ángeles y para él significa que todo es posible. En Barbados, además, quiere decir “buen porvenir”.

El Tituba tiene tres dramaturgos que escriben especialmente para la agrupación: Gabriel Alfonso Ortega, Gabriela Inclán y Alberto Castillo Pérez. Cuenta, además, con un escenógrafo, un vestuarista, un músico, dos coreógrafos, un artista plástico, doce actores (uno de ellos funge además como director gráfico y una como relacionista pública), y el propio Bravo, quien es el director general.

La compañía teatral tiene presentaciones todos los jueves a las 19:30 horas, en las instalaciones del LATEN (Morelos 139, entre Ures y San Luis). A partir del 22 de septiembre estarán en temporada con la obra “Amado” (que se estrenará como parte de las actividades del Festival Cultural Cervantino), que tiene como personaje principal al poeta nayarita Amado Nervo, y a partir del 27 de octubre con la obra “El refrigerador”. En noviembre el grupo se va de gira a Baja California y en 2012 están invitados a asistir al DF, a Michoacán, y a Uruguay, Nicaragua y Cuba.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Niños de la guerra

Llegué al teatro de la escuela primaria Presidente Alemán a unos escasos segundos de que diera comienzo la función. Fue un alivio y al mismo tiempo una sorpresa cuando subí la mirada y pude contemplar la sala en su totalidad: las tres cuartas partes de las butacas estaban ocupadas, sobre todo aquellas que estaban más cerca del escenario. Sólo unas cuatro o cinco filas hacia el final estaban libres. Me dio mucho gusto: por un lado, soy el tipo de persona que acostumbra sentarse hacia el final, tanto en los teatros como en los cines; por el otro, es emocionante ver que un teatro tepiqueño esté así de concurrido. Ocupé un asiento de en medio y tan pronto me senté apagaron las luces. Un agradable aire acondicionado ambientaba el recinto. La inquietud de los pequeñines, que conformaban la mayoría de los espectadores, se agolpaba en mis oídos. Comenzaba una de las matinés de obras de teatro infantil que forman parte del Festival Cultural Amado Nervo 2011.

Los niños actores, ocho (aunque son nueve en la compañía teatral, llamada Tewa Akan), salieron a escena vestidos con una indumentaria sencilla pero que les permitía ser reconocidos inmediatamente: estaban disfrazados de adultos, particularmente de campesinos. Una pequeña niña comienza la narración hablando de su pueblo, un pequeño lugar poblado por gente quejumbrosa, achacada por el terrible mal de la falta de lluvia, que ha traído consigo la infertilidad de gallinas y cabras, de los pozos de agua y de la calma de espíritu. De pronto, llegan sin aviso un par de niños, hablando una lengua extraña y exhaustos por el hambre y el esfuerzo de la caminata desde su pueblo lejano, agobiado por la guerra, hasta esta tierra de gente amargada y encerrada en sí misma. Los lugareños, frente a los pequeños desconocidos, se muestran reacios. Lo que no conocemos lo tememos, y lo que tememos lo odiamos. Los extranjeros, frente al rechazo, se refugian en sus instrumentos musicales y durante la primera noche de su estancia en ese pueblo de gente inhóspita comienzan a tocar una pieza con su pandero y su melódica. Las notas viajan por el aire que respiran aquellas personas herméticas, se meten entre sus sábanas. Al día siguiente, los lugareños despiertan con ligereza, buen humor y la buena noticia de que la lluvia está por llegar. “Eso de la música es una cosa hermosa”, dice el pequeño actor que interpreta al anciano sabio del pueblo. Pero el desprecio hacia los recién llegados continúa.

Con un montaje sencillo pero bello y memorable, un juego de luces nada pretensioso y sí muy efectivo, y un repertorio de pequeñitos con diálogos perfectamente aprendidos y movimientos escénicos que demuestran haber sido ensayados una y otra vez, Niños de la guerra es una obra teatral que habla de temas tan profundos como el temor al otro, la riqueza intercultural (“resultando nuevos sabores y saberes”, dice la actriz protagonista), el horror de la guerra y la empatía del amor o el confinamiento al que nos condena el miedo. Como dice Eliseo Alberto, “el miedo es una camisa de fuerza”. El arte, no obstante, nos hace conscientes estos amarres. Por eso hay que ver Niños de la guerra.

*Tewa Akan es un grupo de teatro infantil de Nayarit dirigido por Alonso Apolinar y conformado por los infantes Roberto David Bueno Larios, Paola García García, Oscar Manuel Gutiérrez Lepe, Claribel Zarahi Soria Sánchez, Saray Elizabeth Hernández Carrillo y Val Cristian Brahans.

lunes, 29 de agosto de 2011

Lux Boreal

A las once horas de un domingo que normalmente sería consagrado al descanso o a la familia, se transformó en mi caso en una maravillosa experiencia de diálogo con las integrantes femeninas del grupo de danza contemporánea, con sede en Tijuana, llamado Lux Boreal. Nos contaron (a mis compañeros del Taller de periodismo cultural y crítica de arte, y a mí) detalles íntimos sobre el grupo e incluso de algunos de sus miembros, su historia como compañía de danza, las vicisitudes que han atravesado y algunos datos escabrosos sobre su última puesta en escena, titulada Lamb (cordero, en idioma inglés).

Sobre los retos que se les presentan para acercar a los espectadores a la danza, nos mencionaron que “no es una tradición en la sociedad mexicana darle importancia al arte. La sensibilidad de apreciar el arte la tiene cualquiera, pero no la tenemos desarrollada”, según dijo Azalea López, bailarina. Victoria Reyes, por otro lado, nos puntualizaba que han hecho obras cortas para que sean fácilmente digeribles para un público no conocedor, y que parece que ha dado frutos, pues Lux Boreal es un grupo que los bajacalifornianos quieren y procuran. Briseida López, otra de las bailarinas, nos repetía aquello que todos (excepto los altos funcionarios del gobierno, pareciera) hemos oído infinidad de veces: “la forma más eficaz de acercar a la gente al arte es desde la educación de casa”. Además de haber creado el Diplomado de Danza Contemporánea y Producción Escénica Lux Boreal (con sede en Tijuana y actualmente en su sexta edición), que tiene como intención crear público para esta disciplina artística, los jóvenes danzantes han llevado las artes escénicas a las calles. “La gente le tiene mucho miedo a los teatros”, se lamentaba Azalea. Nos confesaron contentas que después de haberse presentado en la vía pública, aquellos espectadores espontáneos y desprevenidos después fueron voluntariamente a verlos a un foro o a un teatro.

Nos contaban también que una manera que han encontrado de renovarse constantemente y así mantenerse frescos es colaborar con distintos coreógrafos. Para “Scrabble”, la puesta en escena que pudimos disfrutar en el Teatro” Alí Chumacero”, fue Magdalena Brezzo, una reconocida coreógrafa de origen uruguayo, la profesional invitada para trabajar con ellos, junto con los coreógrafos Henry Torres y Ángel Arámbula. Este montaje habla sobre las obsesiones y miedos de cada uno de los bailarines, y su nombre se debe al modo en que los coreógrafos decidieron darle unidad al proyecto: tomaron el nombre de cada una de las partes en que los jóvenes bailaban sus monstruos internos y las combinaron de modo juguetón para crear un ensamble con ilación y sentido.

La pieza que pudimos ver el domingo 28 de agosto a las 20 horas en el recinto tepiqueño fue de gran colorido, de precisión en los estímulos y las sensaciones, de movimientos concisos pero elocuentes, de gran interacción entre los danzantes y entre éstos y la música y la escenografía. Un espectáculo que, desafortunadamente, duró menos de una hora pero que al final recibió una gran cantidad de aplausos. No es diario que los nayaritas tenemos la posibilidad de ver una pieza artística de este nivel: tanta pasión en escena, tanta disciplina. Prefiero los domingos consagrados al arte que al descanso, es un hecho.